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sábado, 9 de octubre de 2010

Cuando y porqué dejamos de ser niños?

De Según el sapo, la pedrada.
Llegó el último trimestre del año y con el las prisas, la angustia, el estrés y la tensión. Justo antes de tomar una bocanada de oxígeno y sumergirme a bucear en esta caótica vorágine de cierre de año quiero hacer un ejercicio, algo así como "afilar el hacha" según Covey. Hacer un alto y tomarme el tiempo para REALMENTE VER. Tomarme el tiempo para ver que está sucediendo en este momento a mi alrededor, en este preciso instante, exactamente donde estoy ahora. Francamente me aterra la idea de que estar perdiéndome algo maravilloso justo frente a mis narices. Bingo!: 2 pedazos de mí andando con voluntad propia por mi casa. 2 niños!
Eso he intentado hacer en estos días... aunque, a fuerza de ser sincero, no lo hice por cuenta propia. El veinte me cayó escuchando una de las canciones infantiles de un disco que yo mismo compré para ellos hace ya algunos años. La letra puede ser simplonamente ingénua o reflexivamente profunda. “Todos fuimos niños”. Algunos nunca hemos dejado de serlo, no me da pena decirlo. De hecho me enorgullezco de ese gigantesco rasgo infantil de mi personalidad. Y que? Así somos 3 en casa aunque en realidad solo 2 hoy son niños en realidad. Intentando identificar la causa de mi espontánea envidia hacia mis hijos, cruzan por mi mente varios argumentos que la justifican: vivir sin preocupaciones, jugar en plenitud, disfrutar sin ansiedades... pues sí, pero no, aún algo sigue sin convencerme del todo. Qué es lo que más extrañamos de ser niños?
Escarbando más y más, empiezo a encontrar las verdaderas causas de mi envidia/capricho de ser niño. Cuando y porqué dejamos de ser niños?

En qué momento dejamos de jugar, de reír con chistes limpios? En qué momento dejamos de alegrarnos por los regalos más simples? Peor aún: en qué momento dejamos de perdonar a los demás como en aquellos ayeres?

Me doy cuenta que soy víctima de algo que yo mismo, esmeradamente, provoqué: con el paso del tiempo, con el devenir de experiencias sucedió que poco a poco, gradualmente fui generando una especie de máscara, un recubrimiento sobre otro para protegerme: una máscara de dignidad que a su vez cubre la máscara de los títulos, encima otra máscara de diplomas que también cubre la máscara del estatus junto con la de necesidad de ser visto de determinadas maneras. Descubro que debajo de todo eso, está el "YO" verdadero, el auténtico, esencial, en su estado MAS PURO. Yo le llamo ALMA. Esa parte de cada persona donde las emociones son todavía virgenes. Donde aún existe la maravillosa capacidad de asombro. Cuya dignidad y emociones permanecen sin haber sido pisoteadas, mancilladas y cuestionadas. Ese "niño" que no ha tenido que sufrir un sueño incumplido. No conoce el amor despreciado, o el dolor de la traición ni el fracaso.

Y entonces me doy cuenta de que si esa parte tuya y esa parte mía entraran en contacto podrían reconocerse casi instantáneamente para convivir como niños. Definitivamente esto es lo que extraño de ser niño. Esos momentos tan sanos de llegar a un parque y sin más, integrarme a un juego de pelota o de "las tráis", con otros niños sin la ridícula necesidad protocolaria de pedir permiso, y corretear y reír demencialmente hasta perder el aliento. El no tener que preocuparme por “eso” que pudieran estar pensando de mí mientras convivo. Porque si recuerdas, cuando éramos niños era muy raro cuando llegabas a sentir envidia, o miedo, o pena... al menos esa fue mi experiencia.

Veo que es impostergablemente necesario cambiar la manera en que vemos a los demás. Es necesario empezar a observar detenidamente e intentar escuchar esas cosas que a los demás les fascinaría poder decir, que en verdad necesitan decir pero que no pueden porque no se atreven.
Estoy seguro de que a nadie nos gusta tener que estar ocultándonos detrás de esas máscaras. A todos nos encantaría ser genuinos y espontáneos y ser realmente uno mismo, SIEMPRE. “Por favor no me ignores!” es un ruego desesperado que no escuchamos por estar demasiado concentrados en lo que los ojos ven. Obviamente, no quiero ser el primero en despojarse de la máscara (como decía el poeta y filósofo Rigo Tovar) y nadie quiere hacerlo pero en el momento en que lo hagamos, te reconocerás en mí y yo en ti.

Einstein, Hitler, Ghandi, Osama Bin Laden, Pelé, Marlon Brando, Saddam Hussein, George Bush, El Peje, El Chapo Guzmán, García Márquez y demás, alguna vez fueron bebés. En qué momento dejaron de ser niños? Llego a la triste conclusión de que todas esas máscaras que construimos con tanto esmero a lo largo de nuestra vida nos mantienen alejados y reprimen a “nuestro niño” e impiden ese contacto real.

Esa conexión es la situación misteriosa en que dos almas se reconocen mutuamente, por ejemplo, al enamorarse, al hacer un nuevo amigo, al mirar un bebé a los ojos.
¿Por qué sonreímos cuando vemos un bebé?
Porque vemos a una persona en miniatura, sin todas esas máscaras defensivas, alguien cuya sonrisa nos resulta pura, natural, verdadera y legítima y entonces, nuestro “YO PURO”, el “YO NIÑO” que tanto protegemos dentro sonríe ávido de reconocimiento.

Quizá es por eso que me encanta verme reflejado en mis 2 niños... y los envidio!



"Mi corazón no se cansa de tener la esperanza de un dia ser todo lo que quiere/ mi corazón de niño no es solo el recuerdo de un vulto feliz de mujer/ que paso por mis sueños sin decir adiós e hizo de mis ojos, un llorar más, sin fin/ mi corazón vagabundo quiere guardar el mundo en mi" - "Corazón Vagabundo", Caetano Veloso.

1 comentario:

  1. Creo que el niño sigue dentro de nosotros, esta allì todo el tiempo, observando como nos llenamos de condicionamientos, patrones y prejuicios, sin embargo, resiste ....resiste y acepta "en lo que nos hemos convertido"...de vez en cuando hay que explicarle a ese niño..que estamos para el...hay que abrazarlo y hacerle saber que lo amamos...que las cosas simplemente suceden...ý que somos uno.

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